Ak Kin (dios del sol)

árbol sagrado, la ceiba

Los mayas, egipcios, incas, aztecas, etc. fueron adoradores del Sol, tomando a este como símbolo del Cristo cósmico, de esa fuerza que hace que vivan los mundos, los soles, las estrellas, el átomo. Es esa fuerza que deberemos encarnar todos a través del vivir en el precepto Amor a la humanidad. Entre los mayas había un aspecto dual del Sol: el anciano celeste asociado a Itzamná y llamado Itzamná Kinich Ahau y por otra parte el joven sol, personificación del día (Ahau) quien cortejaba a la luna con quien tuvo algunas aventuras. Llevaba una cerbatana por la tierra antes de ser el Sol, el joven dios Sol suele representarse con ojos almendrados, mientras que en su forma de anciano Itzamná Kinich Ahau (rostro del Sol), suele representarse con sus enormes ojos cuadrados, bizcos, la nariz muy recta y los dientes incisivos superiores limados en forma de una pequeña “T”. En los códices se le agrega el signo Kin (sol, día) de cuatro pétalos.

En todos los pueblos antiguos se ha rendido culto al Sol, representado por el Logos Solar y el Logos solar tiene tres aspectos: Padre, Hijo y Espíritu Santo, cuando se dice que adoraban al Sol no se refiere al sol físico, (que nos alumbra y nos da vida) sino al Sol espiritual, al Cristo Sol o Sol de la medianoche quien siempre se haya relacionado con el fuego solar.

Los mayas trataron de identificar al Sol con el Espíritu Universal de Vida. El sol es un medio para que comprendamos la realidad del Espíritu. El Dios Sol en lo Micro cósmico es el Intimo, la parte más recóndita y espiritual dentro del ser humano y desciende desde su esfera espiritual a este mundo físico, para ayudar internamente a nuestra alma; en lo Macro cósmico es el Logos Solar quien nos da vida espiritual, nos guía y orienta en el camino iniciático.